Proveniente de la poesía y de las artes plásticas, el cine
surrealista mantiene muchos de sus grandes motivos: creación al margen de todo
principio estético y moral, la fantasía onírica, el humor desaprensivo y cruel,
el erotismo lírico, la deliberada confusión de tiempos y espacios diferentes.
Sus realizadores lo utilizan para escandalizar y exterminar una sociedad
burguesa mezquina y sórdida. Le otorgan a las imágenes un valor en sí mismas,
recurriendo a los fundidos, acelerados, cámara lenta, uniones arbitrarias entre
planos cinematográficos y secuencias.
El cine surrealista es aquel al que se aplican los conceptos
y técnicas propias del Surrealismo, movimiento artístico y literario surgido en
Francia en 1919 en torno a la personalidad del poeta André Breton.
Los precedentes del cine surrealista están en el más amplio
movimiento del cine de vanguardia de carácter cubista y dadaísta, que comenzó a
desarrollarse hacia 1925. Ejemplos de esta tendencia son Ballet mécanique, de
Fernand Léger (un pintor cubista) o el filme dadaísta Entreacto (fines de
1924), de René Clair y Francis Picabia, caracterizado por la creación de
metáforas visuales. Otro intento vanguardista fue La estrella de mar (1928), de
Man Ray y Robert Desnos, que se limitaba a un encadenamiento de planos fundidos
que constituían una serie fotográfica más que una película surrealista.
En 1928 aparece la primera película con cierto contenido
surrealista, La caracola y el clerigo, de Germaine Dulac y guion de Antonin
Artaud. Al año siguiente se estrena el exponente más representativo de este
género cinematográfico, Un perro andaluz (1929) de Luis Bunuel, la obra maestra
del cine surrealista. Buñuel continuaría su trayectoria cinematográfica con un
surrealismo más combativo en La edad de oro (1930). La sangre de un poeta
(1930), de Jean Cocteau, con influencias del surrealismo no fue bien recibida
por el grupo surrealista y no puede considerarse perteneciente a este
movimiento.


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